domingo, marzo 16, 2008

Desfachatez de un militar: Roberto Díaz Herrera

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Desfachatez de un militar: Roberto Díaz Herrera
 
Genaro López
rologe54@yahoo.com
 
La corrupción, el nepotismo y la impunidad, son tres elementos que cada vez con mayor fuerza pululan por nuestro país, ante la actitud que asumen los gobiernos.
 
Cuando nos preguntamos: «¿cuántos detenidos por corrupción?», «¿cuántos torturadores del régimen militar han sido juzgados y condenados?». La respuesta es ninguno. Pero si nos preguntamos: «¿cuántos parientes directos tiene el presidente en la esfera de la administración pública?». La respuesta es cuantiosa, ya los medios de comunicación social han dado cuenta del frondoso árbol genealógico.
 
Si conjugáramos estos elementos, algunos nombres saltan a la vista. Uno de ellos, el del torturador y corrupto (según sus propias confesiones), coronel Roberto Díaz Herrera, hoy embajador de Panamá ante Perú y tío del presidente de la República.
 
¿Cuándo ha sido juzgado este señor, a quien se le atribuye responsabilidad directa en el período de la más cruenta dictadura que ha vivido este país, que significó tortura, encarcelamiento, exilio, desaparición y asesinato de cientos de panameños, tal como lo revela el Informe de la Comisión de la Verdad?
 
Responsabilidad directa, también confesa, en los escándalos de corrupción. En junio de 1987 señaló «…todo el Estado Mayor de la Fuerza Pública (al cual pertenecía) ha recibido cartuchos llenos de dinero como resultado de las visas a ciudadanos cubanos. Esta casa (refiriéndose a su casa de Altos del Golf) ha sido financiada con ese dinero». Casa, que el dictador Noriega, le permite alquilar a la Embajada de Argentina, donde estudió y mantuvo contactos con sectores militares y donde recibió supuesto asilo.
 
Ostenta una riqueza que no puede ser justificada con el sueldo que recibió en la institución castrense.
 
El coronel Díaz Herrera, reconoció que los militares cometieron fraude en las elecciones de 1984 contra Arnulfo Arias.
 
La confesión no exime de responsabilidad. ¿Cuándo será juzgado por los atropellos, delitos y violaciones cometidas?
 
Díaz Herrera piensa que el pueblo panameño olvida. Ayer, estando al frente del Estado Mayor durante una ausencia temporal de Noriega, trató de encubrir la decapitación de Hugo Spadafora por unidades de las Fuerzas de Defensa presentando un testigo falso ante los medios de comunicación. Hoy tiene la desfachatez de calificar como violenta la acción del pueblo trabajador en las calles, mientras guarda silencio frente al asesinato cometido contra el compañero Al Iromi Smith por parte de la Policía Nacional. Claro, esta conducta es propia de quienes con saña sembraron e impusieron el terror y la bota de los cuarteles en nuestro país por más de veinte años.
 
Este militar, cuestiona el llamado que hacemos al pueblo panameño a construir poder popular. Para él la organización y participación directa del pueblo constituye un atentado a los intereses de la clase a la que sirve. Obviamente, resentirá por el uso del concepto clases, pero la realidad concreta es que vivimos en una sociedad de clases, donde los empresarios explotan cada vez más a los obreros; prueba de ello es que mientras el salario promedio en este país se reduce y el salario mínimo no permite cubrir el costo de la canasta de bienes básicos, las ganancias de la patronal se incrementan en más de un cincuenta por ciento.
 
Los trabajadores del Suntracs salimos a las calles, para luchar por la salud y seguridad de los trabajadores de la construcción, para exigir aumento general de salarios, contra el alto costo de la vida, por el congelamiento de los precios, por el mejoramiento del transporte, de la salud, la educación, es decir, por el derecho a la vida. Estas no son solo demandas del Suntracs, son exigencias de todo el pueblo panameño.
 
Al decir en nuestro campo «ningún tigre se vuelve vegetariano». Díaz Herrera es militar, sembró represión, tortura, desaparición y muerte en este país, conculcó libertades y derechos humanos. No tiene moral ni ética para hablar de decencia y democracia.
 
Quien escribe viene de un real ejercicio democrático, en el cual participaron más de 10 mil obreros de la construcción que respaldaron la conducción de este sindicato y reafirmaron el compromiso de lucha social. Dicho sea de paso, el poder mediático no divulgó este proceso por razones obvias.
 
-El autor es obrero de la construcción, secretario general del Suntracs y miembro de la Dirección Nacional de Frenadeso.
 



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